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Los latiguillos metálicos y los principiantes…

Cuando tenía la Bandit pude sentir lo que los profesionales llaman “tacto esponjoso de la maneta”. Me pasó tan sólo una vez, en un día que me sentía especialmente racing y que disfruté de lo lindo en aquel puerto de montaña. Tanto fue así, que mis frenos Tokico terminaron acusando un excesivo cansancio o, en su término más chic: “fading”. Me planteé la instalación de unos latiguillos metálicos, sin embargo, dada mi inexperiencia y falta de tacto, ¿hubiera sido una decisión acertada…?

Aunque hay opiniones para todos los gustos, considero acertado el razonamiento que Escuelaportalmotos.es hacen al respecto.

Mucho se oye hablar acerca de los latiguillos metálicos, refiriéndose al conducto que contiene el líquido de frenos y que transmite la presión ejercida sobre la maneta hasta las pastillas para que muerdan los discos con toda su potencia de retención.

Sí, efectivamente, resultan realmente directos y efectivos, son incluso imprescindibles para un servidor, de tal manera que es lo primero que le instala a una moto cuando acaba de adquirirla, si es que no viene equipada con ellos. Es la primera modificación personal que sufre la moto. Como decía, el tacto que ofrecen los latiguillos metálicos es directo y preciso; se siente sobre el dedo índice, derecho, que es el más sensible, al menos en mi caso, cómo las pastillas aprietan los discos micrométricamente con cada milésima que recorre la maneta. Dan rotundidad, contundencia a la frenada sin dejar que se pierda ni un ápice de presión en todas las circunstancias. Las palabra desfallecimiento, fading, se vuelve desconocida para la moto que equipa latiguillos metálicos en sus frenos.

Exactitud, seguridad, potencia, contundencia… Perfecto. Perfecto para una mano experimentada, ideal para un tacto sensible y conciso, adquirido tras muchas y diferentes frenadas, frenazos y apuradas de frenada.

Perfecto, sí; pero no para la incipiente sensibilidad, para el tacto tosco y abrupto de una mano principiante. Las consecuencias de un inevitable y asustadizo manotazo, tan comunes en la conducción de un principiante, sobre una maneta que conecte con unos latiguillos metálicos puede ser más nefasta, si cabe, que con unos convencionales de goma, y más delicado, aún, si hablamos de una conducción sobre suelo mojado.

Conclusión: No es recomendable, en absoluto, la sustitución de los latiguillos de goma por unos metálicos para un motorista principiante que pretenda, tal vez mal aconsejado, adelantar tres pasos dentro de su nivel de conducción en lugar de uno.

Ni que decir tiene que en una moto equipada con ABS la posible brusquedad que pueden presentar los latiguillos metálicos para un principiante queda absorbida por el software de este magnífico recurso.

Un apunte final sobre los latiguillos de Kevlar. En mi opinión, siempre muy particular, tienen una tacto muy similar a los de goma, se gana muy poco o casi nada en precisión y sensación de ataque directo sobre las pastillas. Da la impresión, más bien, de haber aparecido en el mercado por un motivo vistoso y colorista, por una moda, más que por una verdadera mejora de la frenada. En competición no veo a nadie, o al menos no lo recuerdo, que los monte.

© Agradecimientos y Créditos: Enlaces y menciones de esta entrada.

PóluxCrivillé NO A LOS GUARDARRAÍLES ASESINOS

Nota: Puede que los enlaces, imágenes y/o vídeos dejen de funcionar.

2 respuestas »

  1. Yo he experimentado esa sensación de fading bajando un puerto precioso hacia Quiroga. No me gusto nada esa sensación. Imaginad a que temperatura tiene que estar el liquido de frenos en esos momentos… De todos modos estoy deacuerdo con el artículo, no parece recomendable para un principiante tener esa sensación tan directa freno-mano. Ahora con el tiempo y la experiencia de los kilometros, lo veo imprescindible. Más en mi Fazer que siempre la he notado escasita de frenos, o por lo menos, de contundencia. Me gusta que el primer toque de maneta sea agresivo y regular a partir de ahí. Un saludo.

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  2. Cuando cambié los latiguiillos a metálicos, la mejora fué tal, que casi no me lo creo. Todo lo que dice el artículo es rigurosamente cierto. En mi caso, con muchos años de motos, agradezco eso de poder frenar con tacto de pianista, justo en la yema de los dos deditos que suelo emplear, aunque basta con el índice. Una delicia, sobre todo, en mojado, porque “sientes” lo que frenas.

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